Este domingo, gane quien gane, la Democracia es la gran perdedora. Autor: Jorge Esqueda Hernández

Jorge Esqueda Hernández 1Por: Jorge Esqueda Hernández (*)

Casi 20 millones de mexicanos abren el domingo cuatro de junio el proceso electoral 2018 donde de nueva cuenta la permanencia o salida del PRI de la Presidencia de la República es la gran incógnita, el gran reto para quienes buscan sacarlo y para los aquellos que desean su permanencia.

Y si bien la premisa es cierta, sus alcances en el imaginario de la sociedad van mucho más allá de lo real, seguramente por la cobertura de medios, por la estridencia de las campañas en los cuatro estados donde habrá elecciones, sobre todo Veracruz y estado de México, la pasión en favor o en contra que despierta Andrés Manuel López Obrador, y el enojo ciudadano por la ya reprobada gestión del PRI que regresó tras dos gestiones presidenciales panistas.

En las semanas pasadas la mayor expectación se ha centrado en las tierras mexiquenses, dejando de lado los comicios en 212 municipios en Veracruz. Esta entidad puede ser un barómetro mucho más exacto del sentir ciudadano que Nayarit, Coahuila o el estado de México.

Casilla electoral, voto. UNAM

Foto: UNAM

Tres grandes fuerzas políticas se enfrentan el domingo en esa entidad y la correlación que surja entre ellas mostrará el ánimo de los ciudadanos que fueron gobernados por uno de los representantes del nuevo PRI que regresó al poder federal en 2012. Son elecciones municipales, el nivel de gobierno a ras del ciudadano, con conexión directa con la gente.

No es claro que muchos candidatos de la alianza PAN-PRD signifiquen una opción diferente al PRI, empezando porque el actual gobernador Miguel Ángel Yunes se formó políticamente en el PRI, lo que da idea de las opciones ideológicas actuales que enfrenta el país (una mezcolanza pragmática), pero sí será un laboratorio de qué tanto esa alianza capitaneada por un expriista es capaz de frenar a López Obrador y sus candidatos, y en consecuencia dará información de si es viable en 2018.

A la alianza PAN-PRD se enfrenta el PRI, que tendrá la radiografía viva de la magnitud de sus daños por la gestión duartista, si ha servido de algo encarcelarlo –aunque sea fuera del país- y que tanto sus cirujanos han sido capaces de restañar sus heridas. Será una evaluación con proyección nacional.

Y la tercera fuerza será MORENA, duramente vapuleada en esa entidad donde prometía ser la nueva fuerza política hegemónica. Se trata de una prueba para el movimiento, pero también de que tanta fuerza obtendrá para 2018.

Coahuila y Nayarit parecen estar lejos de influir en la medición 2018, salvo que una o ambas gubernaturas sean perdidas por los abanderados tricolores, y siempre y cuando estas derrotas se combinen con fuertes pérdidas de alcaldías veracruzanas y la silla del gobernador mexiquense.

La que se ha visto como plato fuerte del domingo cuatro es la gubernatura mexiquense, pues se argumenta que la derrota priista augura la de Los Pinos y su triunfo la conservación de la presidencia. Pero no, en los hechos habrá un año para que las fuerzas políticas se recuperen, se reorganicen y recuperen de los resultados que obtengan.

Lo que sí está en juego es la capacidad del actual grupo hegemónico priista en determinar quién será su próximo candidato presidencial. La derrota del abanderado priista quitaría de las manos del llamado grupo Atlacomulco en eje con Los Pinos, la posibilidad de elegir aspirante presidencial, y sin alguien que guíe al PRI con firmeza y serenidad en caso de derrota, comenzarían desbalances que se reflejarían desde luego en 2018.

Por lo pronto el PAN parece ubicarse de antemano como el gran derrotado de este proceso estatal, y urgido de victorias en las alcaldías veracruzanas. El PRD está sacando fuerzas de flaqueza y parece que ahí se decidiría quien será su próximo líder nacional, pero más importante aún, que tanta fuerza le queda a Los Chuchos, que lo han llevado al endeble sitio donde está.

Morena está llamado a recibir la alternativa como fuerza política en tierras mexiquenses, donde también ha sido vapuleado. Tiene ante sí el reto de derrochar serenidad en cualquiera de los escenarios posibles: que pierda, que gane o que el resultado sea tan apretado que deba caerse en una situación postelectoral. No tomarse el té de tila que recomienda de vez en vez López Obrador a sus adversarios, será visto con no buenos ojos por muchos ciudadanos en todo el país que votarán en 2018 y por factores políticos reales que influyen en los comicios.

Ganar la gubernatura mexiquense no le garantiza a Morena Los Pinos, sino más bien le empujaría hacia ese objetivo la forma en que tome los resultados, triunfe o pierda este domingo.

Al domingo cuatro de junio se llega en medio de una de las campañas más vergonzosas de la historia política del país. Nos ha enseñado que espiar, grabar y difundir al adversario es tan correcto como tomar una malteada. Que usar dinero ilegal, y entre más mejor, es la forma de hacer política en México, donde las tareas partidistas se han cambiado por el “cuánto vales” o “cuánto tienes” o “cuánto quieres” y la democracia es ahora el signo de pesos. Y esto, para todos los partidos sin excepción.

Por eso, aún antes de ir a las urnas, la democracia es la gran perdedora gane quien gane este domingo.

(*) Periodista mexicano

j_esqueda8@hotmail.com

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