Una mujer siria explicó, hace cinco años, por qué Occidente e Israel organizaron la devastación de su país. Autor: Jorge Santa Cruz

jorge-santa-cruz-facebookPor: Jorge Santa Cruz 

@JorgeSantaCruz1 y jlsc.ua@gmail.com

La “Primavera Árabe” comenzó el 5 de enero de 2011, en Túnez. Nueve días después, Zin Al Abidin Ben Alí dejó el poder y huyo a Arabia Saudita, acompañado de su esposa.

La siguiente revuelta -orquestada desde Washington y Londres- comenzó en Egipto, el 25 de enero de ese año 2011. El país cayó en la anarquía 72 horas después y Hosni Mubarak se mantuvo en el gobierno hasta el 11 de febrero, en que tuvo que entregar el poder.

A Libia le tocó en suerte la tercera pseudo-revolución. Las primeras manifestaciones comenzaron en enero y se agudizaron en febrero. El gobierno de Muamar Ghadafi tuvo que hacer frente a un grupo armado que se autodenominó Frente de Liberación de Libia (FLL), compuesto por mercenarios, en su mayoría extranjeros.

OTAN. NATO. Commons Wikimedia
Logotipo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO, por sus siglas en inglés). Foto: Commons Wikimedia

La guerra interna fue minando rápidamente al régimen de Ghadafi. Los rebeldes fueron apoyados abiertamente por Estados Unidos y sus aliados europeos, tanto así que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) efectuó bombardeos estratégicos contra las fuerzas leales a Ghadafi.

El FLL tomó la capital, Trípoli, a finales de agosto y Ghadafi huyó. El 20 de octubre de 2011, los rebeldes lo encontraron, lo torturaron y lo mataron.

La cuarta pseudo-revolución árabe fue la de Yemen. Se gestó el 27 de enero de 2011, cuando ya había caído Ben Alí, en Túnez, y estaba en marcha el derrocamiento de Hosni Mubarak, en Egipto.

El colapso de Alí Abdullah Saleh en Yemen ocurrió el 27 de febrero de 2012.

La crisis de Siria

Las protestas en Siria comenzaron a mediados de marzo de 2011. Sus promotores occidentales, con Estados Unidos y Gran Bretaña a la cabeza, calcularon que el derrumbamiento de Bashar al Asad tomaría semanas o meses, pero no más.

La mano de Occidente (y de sus aliados como Arabia Saudita y Qatar) se hizo manifiesta, también. Rusia y China, por su parte, comenzaron a bloquear en el Consejo de Seguridad de la ONU las iniciativas ordenadas desde la Casa Blanca y Downing Street contra Asad.

Mapa de Siria. Wikipedia
Mapa: Wikipedia

Por esos días, concretamente el 23 de febrero de 2012, el articulista croata radicado en España, Milenko Bernadic, publicó un artículo titulado Todos a la guerra contra Siria! Manipulación mediática, en el portal InfoCatólica.com. Todo el material es excelente pero, a nuestro juicio, destaca una entrevista que realizó a una mujer siria de nombre Nagham Salman, que transcribimos a continuación:

¿Por qué EE. UU. y sus aliados presionan al Consejo de Seguridad de la ONU para conseguir una intervención exterior sobre Siria lo antes posible? ¿Por qué ese interés desmesurado en que caiga el Gobierno de este pequeño país de Oriente Próximo a toda costa? ¿Por qué Rusia y China han utilizado el veto en el Consejo de Seguridad por segunda vez en cuatro meses y han recibido presiones por ello?

En primer lugar, y por lo que respecta a la primera cuestión, cabe decir que las agencias de noticias occidentales, entre ellas Reuters y France-Presse, fabrican las noticias en base a los intereses geoestratégicos de los países que las financian. Noticias que son impuestas a los diferentes medios de comunicación de masas, cuyas sociedades son víctimas de una manipulación mediática que los sume en una desinformación por tergiversación de la realidad, negándoles la posibilidad de contrastar la información recibida.

A consecuencia de ello y por lo que a Siria se refiere, la opinión pública de los países occidentales y parte de la opinión pública internacional solo pueden ser unánimes en la creencia de que el pueblo sirio quiere que Bashar al Assad abandone el poder, mientras éste asesina indiscriminadamente a manifestantes pacíficos y demócratas, habiendo ejecutado ya a más de 7.000 personas. Ésta es la noticia fabricada.

Pero la realidad de Siria es otra muy distinta. En primer lugar, el Gobierno de este Estado laico multiconfesional tiene el apoyo de la mayoría de su pueblo, que es el que está sufriendo las consecuencias de una guerra civil en la que grupos armados autóctonos islamistas, con el apoyo de yihadistas libios y talibanes con armamento israelí y estadounidense que son entrenados e infiltrados deliberadamente desde Turquía y Líbano, atacan a las fuerzas de seguridad y destruyen infraestructuras con atentados terroristas constantes. Además, estos grupos armados secuestran y asesinan a civiles de la minoría alauita por el simple hecho de compartir confesión con el presidente. Ésta es la verdadera “primavera árabe siria”.

Pero como la verdad oculta espera su venganza, poco a poco y con cuentagotas empieza a filtrarse información de la realidad siria y de la magnitud de la tragedia de una guerra civil no declarada. Y es por ello que antes de que la opinión pública y la comunidad internacional sean conscientes de lo que realmente ocurre, los países occidentales han intentado a contrarreloj arrancar una resolución en la ONU para intervenir militarmente.

Desde hace décadas Israel y Occidente muestran un interés casi obsesivo en que Siria caiga. En los últimos años Siria ha sido incluido en el Eje del Mal y ha sido deliberadamente aislado en la región, siéndole también impuestas dolorosas sanciones económicas que han afectado principalmente a la población.

El presidente Sirio, Bashar Al Assad, para contrarrestar el efecto de las sanciones ideó el proyecto diplomático de los cinco mares con el objetivo de crear una alianza geopolítica en una marco de cooperación entre los países con fronteras marítimas en los mares Mediterráneo, Caspio, Negro, Rojo y Pérsico.

EE. UU. e Israel boicotearon cualquier acercamiento e intimidaron a los países vecinos para que contribuyeran a un mayor aislamiento, dado que un mayor protagonismo de Siria en la región ponía en peligro los intereses geoestratégicos de estas grandes potencias en la zona a medio plazo.

En cuanto a la última pregunta, su respuesta obligaría a realizar un profundo análisis geoestratégico a medio y a largo plazo, no solo respecto a la región de Oriente Próximo, sino sobretodo en relación a la vasta región de Asia Central, en cuyos recursos naturales han puesto sus ojos las potencias occidentales. Hace años Rusia y China no participaban plenamente en el juego político internacional. Mientras China jugaba un rol exclusivamente económico, Rusia consolidaba su profunda transformación político-económica.

Pero en previsión del futuro protagonismo de ambos países en sus respectivas zonas naturales de influencia, Occidente creó la ‘guerra contra el terror’ e invadió Afganistán. Uno de los objetivos de esta guerra era la exclusión de China de la ecuación geográfica que la conectara con Irán. Como sabemos, Afganistán es el país que conecta a Irán con China, pasando por Tayikistan.

Con la invasión de Irak en 2004, Irán pasaría a estar flaqueado por dos países ocupados por EE. UU., y pese a su aislamiento y a las sanciones por parte de Occidente, el país persa sigue resistiendo y su alianza con Siria y Hezbollá sigue inquebrantable.

El objetivo es que caiga Siria a corto plazo para atacar Irán, y la retirada progresiva y parcial de la OTAN de Afganistán y total de Irak, después de haber establecido bases militares en ambos países, no es más que la antesala del ataque.

Siria y Líbano son los países que conectan el Mediterráneo con toda Asia. Si el plan occidental fracasara, un nuevo eje comercial y energético desde el Líbano, pasando por Siria, Irak, Irán, Afganistán y Tayikistán, nacería hasta China, que llegaría a estar conectada geográficamente con el Mediterráneo. Por otra parte, Rusia tendría acceso al Índico y reforzaría su posición en el Mediterráneo. Así, ambas potencias consolidarían sus posiciones en Asia Central y Oriente Próximo.

Esto sería una catástrofe política y económica para Occidente e Israel, y es por ello por lo que en estos momentos centran sus esfuerzos en provocar la caída de Siria como paso previo al ataque contra Irán, previsto para esta primavera o inicios del verano. Esto es lo que hay, y no otra cosa. El Occidente está regido por gobiernos democráticos. Por lo tanto, el poder está en las urnas. Por lo tanto, si consigo que los que echan las papeletas piensen cómo yo quiera, tendré el poder. De allí el papel de los medios de comunicación, especialmente de la TV, que actúa como una caja de atontamiento.

¿Se merece Siria esto? ¿Es tan malo su régimen? Algunos de lo que viven allí piensan que no. Algunos que llegan hasta el 70% de la población, al menos.

Así piensa Nagham Salman:

Auténtico cruce de caminos, corazón de Oriente Próximo y origen de la civilización, Damasco es considerada la ciudad más antigua de la humanidad.

Desde los orígenes de la historia, esta tierra fue campo de batalla entre imperios orientales y occidentales, septentrionales y meridionales, incluso con anterioridad a la aparición de la escritura, miles de años antes del nacimiento de Jesús y Mahoma.

Hititas, sumerios, asirios y egipcios dieron paso a fenicios, griegos, romanos, arameos y hebreos, y posteriormente a bizantinos y persas. La última gran invasión sería la árabe y la de los cruzados europeos, seguidas siglos más tarde de la otomana. A principios del siglo XX,

Gran Bretaña y Francia pusieron los ojos en la región y acabarían estableciendo sus regímenes coloniales partiendo la siria originaria en cuatro regiones; Palestina, Jordania, Siria y Líbano.

Todo éste sustrato histórico ha imprimido de un carácter solidario y tolerante a sus gentes, acostumbradas desde tiempos inmemoriales a dar refugio a comunidades humanas enteras que huían de la represión de los grandes imperios durante todas las fases de la historia.

A su vez, estas circunstancias históricas han hecho de Siria un país polifacético, con una sociedad pluricultural, multiconfesional y multiétnica que ha mostrado al mundo una increíble cohesión e integración social, un ejemplo de convivencia y espíritu nacional durante los últimos años. Este espíritu solidario y tolerante de sus gentes ha sido puesto de manifiesto en la historia reciente siendo Siria el único país de Oriente Próximo que ha mantenido su apoyo inquebrantable a la causa palestina. Más de tres millones de palestinos descendientes de los que tras la creación del Estado de Israel fueron expulsados de sus tierras y llegaron en masa al país.

Hoy viven y forman parte de la sociedad siria, sin renunciar por ello a la esperanza de retorno a su tierra ocupada.

Todos aquellos palestinos fueron recibidos con los brazos abiertos por la población siria, al igual que el más de un millón de armenios que habían encontrado también refugio en Siria después de huir del genocidio perpetrado contra ellos por los turcos a principios del siglo XX. Por no mencionar a las decenas de miles de kurdos que huyeron también del sur de Turquía y son hoy ciudadanos sirios, y a los descendientes de los argelinos reprimidos por los franceses en los años cincuenta del siglo pasado.

Su condición de país refugio ha sido nuevamente puesta de manifiesto en la última década, cuando las tropas de la OTAN ocuparon Irak en 2004 y más de dos millones de refugiados iraquíes llegaron a Damasco.

También en julio de 2007, cuando cientos de miles de libanese cruzaron la frontera huyendo de los atroces bombardeos de Israel sobre el Líbano.

Siria es también el único país que se ha enfrentado en tres ocasiones a Israel, perdiendo los Altos del Golán en la última contienda. Y pese a todas las derrotas, sigue siendo el único país de Oriente Próximo que nunca se arrodilló ante el gran hegemón israelo-estadounidense, que desde mediados del siglo pasado ha intervenido en la región, fomentando las divisiones étnicas, religiosas y culturales en los mismos países que las potencias occidentales crearon artificialmente durante la colonización.

La cohesión social de Siria y su condición de país refugio de Oriente Próximo están siendo minadas desde que hace un año, cuando las legítimas reivindicaciones democráticas y pacíficas de parte de la población fueron aprovechadas por grupúsculos islamistas financiados por occidente con el objetivo de crear el caos y la caída del gobierno, y propiciar así la instauración de un régimen radical y títere que permita a las potencias occidentales y a Israel conseguir sus objetivos geopolíticos en toda la región.

Siria no merece esto…

Escrito por

Periodista, profesor universitario y consultor en Comunicación y Periodismo.

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