Dresde, genocidio con 72 años de impunidad

Foto: Wikipedia
Se cumplieron 72 años del peor bombardeo sufrido por Alemania. Foto: Wikipedia

Por: Jorge Santa Cruz

@JorgeSantaCruz1

jlsc.ua@gmail.com

Los países aliados llevaron a cabo una serie de bombardeos de terror sobre la ciudad alemana de Dresde, entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, o sea, hace 72 años, cuando la II Guerra Mundial vivía su etapa final.

El tema, sin embargo, fue pasado por alto por casi toda la prensa internacional, seguramente porque las víctimas fueron alemanas.

Existen, por supuesto, algunos testimonios recientes serios, que proceden de fuentes que de ninguna manera pueden ser catalogadas como pro nazis y que habremos de citar con el único afán de que impere la verdad sobre la propaganda.

El diario argentino La Nación, en su edición digital del 15 de febrero de 2015, publicó un trabajo firmado por el periodista Arnoldo Rivera J. en el que destaca que “El bombardeo de Dresde es el hecho MÁS OSCURO de Inglaterra y Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial: entre el 13 y 15 de febrero de 1945 arrasaron por aire a una ciudad indefensa.”

Estamos, sin duda, ante un testimonio imparcial:

Conocida como la Florencia del Elba, la capital de Sajonia fue arrasada por los aviones de la Real Fuerza Aérea inglesa (RAF) y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) en cuatro incursiones.

Dresde era uno de los centros culturales más importantes de Alemania, con museos y edificios históricos, que databan del siglo XVIII: una joya del barroco.

El Zwinger Museum y la catedral Frauenkirche –que cayó el 15– eran dos de de sus edificios emblemáticos.

Hasta aquellos fatídicos días de hace 70 años, no era considerada un punto estratégico fundamental para las partes beligerantes.

Para los aliados no representaba un obstáculo en su avance a Berlín y los alemanes habían traslado sus baterías antiaéreas a otros centros industriales.

Este dato revela la indefensión de Dresde: los 20 cazas estacionados en la ciudad no tenían combustible, ya que alguien consideró que no valía la pena utilizarlo en esos aviones, debido a la escasez del carburante.”

Lo cierto es que Dresde se encontraba prácticamente intacta, por lo que el alto mando aliado dispuso arrasarla con 4 mil toneladas de bombas, muchas de ellas incendiarias, que cayeron por espacio de 40 horas.

Foto: Especial.
Dresde, luego de recibir 4 mil toneladas de bombas, entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Foto: Especial

El sitio de Internet sobrehistoria.com, abiertamente antinazi,  detalla lo que ocurrió:

Tres días de locura, horror y muerte. El bombardeo de Dresde no tuvo otro nombre. Un crimen de guerra que desgraciadamente no fue declarado como tal porque los que lo realizaron fueron los supuestos “salvadores del mundo”, los que derrotaron y sacaron a la luz todo el maldito holocausto nazi. Pero para ingleses y norteamericanos, Alemania necesitaba un escarmiento. Poco importaba que la guerra estuviera en sus últimos suspiros; que los rusos prácticamente perfeccionaban el asalto a Berlín después de haber cruzado el Oder, o que incluso los occidentales ya hubieran traspasado el Rhin. Poco importó que Dresde estuviera llena de heridos y refugiados de guerra que huían del horror producido en otras ciudades, y que intentaban llegar como podían a Berlín buscando un último lugar donde esconderse. Poco importó que aquel no fuera un punto estratégico importante en aquellos momentos, ni un obstáculo importante en el avance de las tropas.

Era un escarmiento, y una promesa hecha a Stalin durante la Conferencia de Yalta del 11 de febrero que habían de cumplir ingleses y norteamericanos.

La crónica de sobrehistoria.com parece tomada de una película norteamericana actual, en la que se abusa de las escenas de violencia, destrucción y muerte; sin embargo, apenas refleja lo que ocurrió en aquél infierno:

Aquel 13 de Febrero de 1945 se ha quedado para la Historia como el del mayor bombardeo registrado sobre una población civil. La ciudad de Dresde fue prácticamente aniquilada. Monumentos, puentes, edificios, casas, calles, nada quedó en pie, sólo ruinas y muerte. 35.000 según los ingleses, 350.000 según los alemanes….

Eran las 22,09 h. del 13 de Febrero cuando las emisoras de radio alemanas cortaron su emisión para transmitir los sonidos de alerta de que se acercaban aviones aliados. Nadie pudo pensar que los 9 “mosquitos” (cazas ingleses) de reconocimiento iban a marcar a Dresde como el gran objetivo. Pero lo hicieron delimitándola con bengalas rojas, e iluminando con otras tantas toda la ciudad para evitar errores de los bombarderos.

245 bombarderos sobrevolaron minutos después la ciudad. La lluvia de bombas fue tal, que el único bombardero derribado lo fue porque le cayó encima una bomba lanzada por otro bombardero que volaba por encima suya. Eran las 22,15 h. y bastaron 15 minutos de intenso bombardeo para dejar la ciudad en ruinas. 524 bombas blockbusters, con capacidad de destrucción cada una de una manzana de calles completa, más 1800 bombas explosivas fueron lanzadas en aquel primer ataque. No intentaron esquivar ningún edificio: lo bombardearon todo, incluido hospitales, asilos y escuelas. La ciudad era un desesperanzador lamento de gritos y sollozos. Pero aún, no quedaron conformes.

¿Y por qué? Devolvemos la palabra a sobrehistoria.com:

Ya no hicieron falta los aviones mosquitos que les marcaran el objetivo en la segunda oleada de aviones. Eran las 1,30 h. de la mañana. La ciudad estaba en llamas. Socorristas, y ayuda médica habían llegado de ciudades cercanas, pero cuando oyeron los ruidos nuevamente de los bombarderos acercándose ya los tenían encima. Esta vez nadie pudo avisarles porque la ciudad estaba sin electricidad. El número de bombarderos se había doblado. En esta ocasión 550 bombarderos británicos Lancaster sobrevolaron Dresde. Y las bombas que llevaron en esta ocasión eran bombas incendiarias destinadas a hacer el mayor daño posible en los edificios. Se lanzaron nada más y nada menos que 650.000 bombas y 15 kilómetros cuadrados de territorios fueron bombardeados. Con este segundo bombardeo, Dresde, una ciudad que históricamente se había hecho famosa por el arte y la cultura que encerraba quedó reducida a cenizas. De este segundo bombardeo, curiosamente, se guarda una proyección en el Imperial War Museum de Londres.

El caos era total. No había agua, ni alimentos, ni medicinas, ni medios suficientes para apagar las llamas de la ciudad, ni atender a los cientos de miles de heridos. Y sin embargo, el horror no había acabado.

El alto mando aliado ordenó un tercer ataque. Regresamos a sobrehistoria.com:

A las 12,12 h. del 14 de febrero llegó la tercera oleada de bombarderos que dejó caer otro diluvio de muerte sobre la ciudad. Esta vez fueron 311 bombarderos B-17 de las fuerzas norteamericanas acompañados de cinco cazas. esta vez cayeron sobre la ciudad 1800 bombas explosivas y más de 126.000 bombas incendiarias. Los cazas que los acompañaban se dedicaron a ametrallar a los grupos de supervivientes que como buenamente podían, escapaban de la ciudad.

A las 10,15 h. del día 15 de febrero se desplomó finalmente la Iglesia de Frauenkirche, el símbolo de la ciudad. Pero aún así, aún hubo un último ataque aéreo de menor consistencia esta vez. 211 B17 estadounidenses arrojaron otras 460 bombas incendiarias más.

Aún después de aquellos días, el horror continuó, pues los incendios tardaron varios días en apagarse y los muertos se acumulaban en las calles. A la nube tóxica productos de los vapores de las bombas, el fuego, las cenizas, la falta de aire respirable, se unía el riesgo de enfermedades. El 25 de febrero, 3.865 cuerpos tuvieron que ser incinerados, sin identificar, en la actual plaza del mercado viejo. 25.000 fueron enterrados en el cementerio.”

Foto: Especial
Dresde: el rescate de víctimas.

 

El periodista argentino Arnoldo Rivera J. consignó en su trabajo difundido hace dos años por la página digital del diario argentino La Nación que la población de Dresde se disponía a festejar el Día de San Valentín:

Aquel 13 de febrero de 1945 era un martes de carnaval, por eso había bastante gente en las calles de Dresde.

La noche se vio interrumpida por la incursión de ocho bombarderos Mosquitos, que se encargaron de señalar con bengalas el marco de acción de los 244 bombarderos que los seguían.

A las 8:14, el infierno cayó del cielo en forma de 525 toneladas de bombas explosivas y 350 toneladas de bombas incendiarias. Ese ataque duró solo 120 segundos.”

El sitio sobrehistoria.com habla de 245 bombarderos; el periodista Arnoldo Rivero, del diario argentino La Nación, de 244.

El número de muertos por los bombardeos a Dresde nunca se conocerá. Los aliados lo estimaron en 35 mil; los alemanes, en más de 300 mil.

Regresemos a la investigación del colega de La Nación:

En los primeros años se llegó a hablar de 350.000; con el paso del tiempo y de acuerdo con las investigaciones históricas más rigurosas, se fijó en 35.000 la cifra.

“Cada año, se baja el número de muertos. La cifra de 35.000 es inaceptable para mí”, se lamenta Leandro Karoly en El drama de Dresde.

Para el momento de los ataques, Dresde tenía una población de 640.000 habitantes; sin embargo, estaba repleta de refugiados, la inmensa mayoría sin registro.

También se calcula que las temperaturas debido a los ataques nocturnos alcanzaron los 1.000 grados centígrados, suficientes para reducir a cenizas un cuerpo.

Además, cientos y cientos de cadáveres se apiñaban en rejillas metálicas y eran cremados con lanzallamas. Se necesitaron dos semanas para esa penosa tarea.

“Todos sufrimos con la guerra. Inglaterra también sufrió mucho con los bombardeos alemanes”, reflexionó Helmut Camphausen, sobreviviente del espanto.

Necesario o no, el bombardeo de Dresde castigó a la población civil de una forma cruel: un parlamentario inglés no dudó, entonces, en calificarlo como el peor crimen de guerra cometido jamás por Inglaterra.

Donald Nielsen, piloto estadounidense que participó en los bombardeos sabe muy bien lo que siente: “Todos los días le pido perdón a Dios”.

El Hufftington Post calculó el 12 de febrero de 2015, que el ataque a Dresde dejó 25 mil alemanes muertos.

Foto: Especial
Dresde, convertida en un infierno. Foto: Especial

 

El análisis de sobrehistoria.com reconoce, por otra parte, los aliados efectuaron otros bombardeos letales sobre ciudades alemanas y japonesas:

Hay que decir que el bombardeo a la ciudad de Dresde no es el mayor que realizaron los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, aunque en este sentido hay muchas dudas acerca de las cifras de muertos (que como ya vimos oscilan entre los 30.000 que dicen los aliados a los 300.000 que dicen los alemanes). Si atendemos a las cifras oficiales, otras ciudades sufrieron bombardeos aún más virulentos, como Tokio, donde fallecieron más de 100.000 personas. Incluso algunas ciudades alemanas tuvieron más bajas que Dresde como consecuencia de los bombardeos, por ejemplo Hamburgo, en la que los aliados afirman que los bombardeos dejaron unos 60.000 fallecidos.”

El Dr. Jacques R. Pauwels publicó hace siete años, en el portal Global Research, que dirige el profesor Michel Chossudovsky, que los comandantes aliados sabían perfectamente que los bombardeos sobre las ciudades alemanas no provocarían el amedrentamiento de los alemanes:

Dresde no era un centro industrial o militar importante y, por lo tanto, no era un objetivo que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso el ataque. La ciudad tampoco fue bombardeada como represalia por anteriores bombardeos alemanes de ciudades como Rotterdam y Coventry. En venganza por la destrucción de estas ciudades, bombardeadas despiadadamente por la Luftwaffe en 1940, Berlín, Hamburgo, Colonia y otras muchas ciudades alemanas grandes y pequeñas ya habían pagado un alto precio en 1942, 1943 y 1944. Además, a principios de 1945 los comandantes aliados sabían perfectamente que ni siquiera el bombardeo aéreo más feroz lograría “aterrorizar [a los alemanes] hasta rendirse” [2], por lo tanto no es realista pensar que quienes planearon la operación tuvieran esta motivación. El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre sin sentido y aparece como una tarea más terrible incluso que la devastación atómica de Hiroshima y Nagasaki que, por lo menos, se suponía habían llevado a la capitulación de Japón.”

Entonces, ¿por qué este crimen en específico de los buenos? Lo explica Pauwels:

Era de una importancia crucial dejar claro a Stalin que no se debía subestimar el poder militar de los aliados occidentales a pesar de los recientes reveses en las Ardenas belgas. Había que reconocer que el Ejército Rojo disponía de enormes masas de soldados de infantería, de excelentes tanques y de una artillería formidable, pero los aliados occidentales tenían en sus manos una baza militar que los soviéticos eran incapaces de igualar. Esta baza era su fuerza aérea, que contaba con la más impresionante colección de bombarderos que jamás había visto el mundo. Esta arma hacía posible que estadounidenses y británicos lanzaran los más devastadores ataques aéreos sobre objetivos que estaban muy lejos de sus propias líneas. ¿No resultaría más fácil negociar con Stalin en Yalta si se pudiera conseguir que fuera consciente de esto?

Fue Churchill quien decidió que la destrucción total de la ciudad alemana en las narices de los soviéticos, por así decirlo, enviaría el mensaje deseado al Kremlin. Durante cierto tiempo la RAF y la USAAF habían sido capaces de infligir golpes devastadores a cualquier ciudad alemana y se habían preparado meticulosamente planes detallados para esta operación conocida como “Operación Trueno”. Sin embargo, durante el verano de 1944, cuando el rápido avance desde Normandia hizo probable que la guerra se ganara antes de fin de año y ya se empezaba a pensar en la reconstrucción de posguerra, una operación al estilo de la Operación Trueno se había empezado a ver como un medio de intimidar a los soviéticos. En agosto de 1944 un memorandum de la RAF señalaba que “la devastación total del centro de una vasta ciudad [alemana] […] convencería a los aliados rusos […] de la eficacia de la potencia aérea anglo-estadounidense”.

Foto: Wikipedia/Fuerza Aérea de EUA
Bombardero B17 de la Fuerza Aérea de EUA. Foto: Wikipedia

Lo cierto es que hubo tripulaciones aliadas que se oponían al ataque a Dresde. Eso motivó al alto mando aliado a dar órdenes falsas, con tal de asegurarse de que sus pilotos y artilleros cumplieran con lo que se les ordenaba. Citamos, otra vez, a Pauwels:

Y así se instruyó a los comandantes regionales y los maestros bombarderos para formular otros objetivos, que se esperaba fueran creíbles, por el bien de sus tripulaciones. En vista de ello podemos entender por qué las instrucciones dadas a las tripulaciones respecto a los objetivos eran diferentes de una unidad a otra y por qué a menudo fueron descabelladas e incluso contradictorias. La mayoría de los comandantes hicieron hincapié en los objetivos militares y citaron “blancos militares” indefinidos, hipotéticas “fábricas vitales de munición” y “depósitos de armas y suministros”, el supuesto papel de Dresde como “ciudad fortificada” e incluso la existencia en la ciudad de algún “cuartel general del ejército alemán”. Con frecuencia se hicieron también vagas alusiones a “importantes instalaciones militares” y a “depósitos de vagones y máquinas de tren” . Para explicar a las tripulaciones por qué se atacaba el centro de la ciudad y no los barrios periféricos industriales, algunos comandantes hablaron de la existencia en el centro de “cuarteles generales de la Gestapo” y de “una gigantesca fábrica de gas”.

Seguramente a los lectores que hayan llegado hasta aquí, esa metodología basada en mentiras les resultará familiar, al evocar las invasiones a Afganistán e Irak, ordenadas por el entonces presidente de los Estados Unidos, George Walker Bush, y el que era primer ministro británico, Tony Blair.

Foto: Deutsche Welle
Mujer caminando en las ruinas de Dresde. Foto tomada de Deutsche Welle

Cerremos por esta ocasión con otro argumento de Pauwels:

Algunos oradores o bien fueron incapaces de inventarse esos objetivos imaginarios o bien por alguna razón no deseaban hacerlo y dijeron escuetamente a sus hombres que se iban a arrojar las bombas en el “centro construido de la ciudad de Dresde” o, simplemente, “en Dresde”. Destruir el centro de una ciudad alemana con la esperanza de provocar tanto daño como fuera posible a las instalaciones militares e industriales, y a las infraestructuras de comunicaciones resultó ser la esencia de la estrategia aliada, o al menos británica, de “bombardear una zona”. Las tripulaciones de los bombarderos habían aprendido a aceptar este desagradable hecho de la vida, o más bien de la muerte, pero en el caso de Dresde muchos de ellos se sintieron incómodos. Cuestionaron las instrucciones respecto a los objetivos y tuvieron la impresión de que este ataque implicaba algo inusual y sospechoso, y de que sin lugar a dudas no era un asunto “de rutina”, tal como Taylor lo presenta en su libro. Por ejemplo, el radio-operador de un B-17 declaró en una comunicación confidencial que “ésta era la única vez” que “a [él] (y a otros) les parecía que la misión era inusual”. La angustia que experimentaron las tripulaciones quedó también ilustrada por el hecho de que en muchos casos unas órdenes del comandante no provocaron los tradicionales vítores de las tripulaciones sino que se recibieron con un silencio gélido.”

Escrito por

Periodista, profesor universitario y consultor en Comunicación y Periodismo.

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