Allá, Trump se enfrenta al establishment; aquí, lo defienden

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@JorgeSantaCruz1

jlsc.ua@gmail.com

Nada de lo hecho y dicho hasta este momento por Donald Trump, como Presidente de los Estados Unidos, es nuevo.

Cuando asumió la candidatura presidencial del Partido Republicano, criticó al establishment, o sea, al reducido grupo de poderosos que ha gobernado a su país durante siglos. Hoy, hizo lo mismo. Citamos sus palabras:

La ceremonia de hoy tiene un carácter especial porque no sólo hacemos una transferencia de poder, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington hacia ustedes, el pueblo.

Por demasiado tiempo, un grupo pequeño en la capital, se ha beneficiado del Gobierno, mientras el pueblo cargaba en sus espaldas los costes.

Tampoco es sorpresivo su anuncio de que defenderá las fronteras de su país (mensaje con dedicatoria a México), ni de que se ocupará por generar riqueza para los norteamericanos, antes que para los habitantes de otras naciones.

Su promesa de acabar con el terrorismo islámico fue -de igual forma- parte de su campaña política.

Tampoco es nueva la hipocresía de los gobernantes y de la mayoría de los políticos mexicanos, que critican las amenazas de Trump cuando ellos mismos han contribuido al debilitamiento de la Patria y a su entrega a los voraces consorcios transnacionales.

Éstos, los corporativos globales, están furiosos porque perderán cantidades inimaginables de dinero en el momento en que el nuevo presidente de Estados Unidos saque a su país del Acuerdo Comercial Transpacífico y revise el Tratado de Libre Comercio con México.

Digámoslo claro, aunque suene fuerte: Trump está en su derecho de proceder conforme prometió a los que votaron por él. Y de llamar a la unidad, para devolver la grandeza perdida a los Estados Unidos.

El problema, para los mexicanos, no es que el injerencismo yanqui sea novedoso. No. Lo hemos padecido desde siempre. Lo frustrante es que nuestros gobernantes (con algunas excepciones) y a diferencia de Trump, se han dedicado a defender los intereses cosmopolitas y apátridas de los dueños del poder económico global.

En estos momentos, en que la historia contemporánea da un giro drástico, el sistema político mexicano debería reaccionar en la misma dirección. No lo hace, ni lo hará, porque seguirá sometido al establishment norteamericano, que es su verdadero jefe. Al establishment de Washington y a su correspondiente, de Nueva York.

Escrito por

Periodista, profesor universitario y consultor en Comunicación y Periodismo.

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