El Periodismo, víctima de la dictadura mediática

El Periodismo Trascendente busca el bien común. Por eso, es combatido y suplantado por el periodismo global, que está al servicio de unos cuantos magnates, diseminados a lo largo y ancho del planeta.

07-jsc-foto-de-miguel-ayalaPor: Jorge Santa Cruz

jlsc.ua@gmail.com

@JorgeSantaCruz1

Ilustración: Pixabay.

 

El periodismo vive la peor crisis de su historia, porque el materialismo contemporáneo lo secuestró. Por eso, casi se ha olvidado de servir a las personas y, en cambio, se sirve de ellas.
Los oligopolios mediáticos lo han convertido en una inmoral fábrica de hacer dinero y en un sofisticado sistema de manipulación social.
Sus técnicas de desinformación fueron aplicadas, de manera inicial, con motivo de la Gran Guerra (1914-1918) y las perfeccionaron antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
En la actualidad, gracias a los avances tecnológicos y a un mayor conocimiento de la psicología individual y social, son mucho más sofisticadas.
La globalización, para prosperar, necesita de la dictadura mediática. Ésta, le es muy útil -sobre todo- para la difusión de información falsa o tendenciosa. Una sociedad mal informada, o enterada apenas con verdades parciales, batalla más para liberarse de los controles políticos, económicos, educativos y contra-culturales.

Dicha dictadura mediática pretende imponer una dictadura mundial, que signifique un poder inconmensurable en lo militar, lo político, lo económico, lo comercial, lo mediático y lo religioso.
Los oligopolios se enriquecen al mismo tiempo que someten a la sociedad. Por un lado, incrementan sus fortunas multimillonarias con la difusión de contenidos vulgares y superfluos, cargados de sensiblería barata. Por el otro, con esos mismos contenidos, adormecen a las conciencias críticas, para que no cuestionen las causas de los hechos, ni tengan la capacidad de prever sus consecuencias.
Por el contrario, el Periodismo Trascendente tiene como principal interés el perfeccionamiento individual y social. Se hace de cara a la gente y para la gente. No duda en investigar, aunque la investigación sea “políticamente incorrecta”; ni en publicar los resultados tal y como se obtuvieron.
Como lo enseña el periodista mexicano Salvador Borrego E., va al significado de los hechos probables o consumados. Más que el hecho, le interesa significación de ese hecho.
Lo hace a partir del sentido común, que no es otra cosa que pensar y sentir como gobernante y como gobernado; como patrón y como trabajador; como profesor y como estudiante; como economista y como ama de casa.
El Periodismo Trascendente busca el bien común. Por eso, es combatido y suplantado por el periodismo global, que está al servicio de unos cuantos magnates, diseminados a lo largo y ancho del planeta.
El periodismo global trata de aparentar que es sensible a las distintas realidades humanas. Pero sólo es apariencia. Se vale de las grandes tragedias para montar reprobables espectáculos. Los mexicanos acabamos de vivirlo con la tragedia ocurrida en una escuela de Monterrey. Nuevo León.
Tiene dos escalas de valores. Se desgarra las vestiduras cuando las víctimas le interesan por razones de rating y/o de ideología, como ha sucedido con aquellas que han perecido a manos de los terroristas de Al Qaeda, de la Hermandad Musulmana o del Estado Islámico (que siempre han sido patrocinados por Estados Unidos y sus aliados). En cambio, guarda silencio o altera la información, cuando se trata de víctimas a las que desprecia, como las de Siria.
Concluyamos: la claudicación del Periodismo se ha debido a la indecente concentración de medios, favorecida por la globalización. También, a la manipulación criminal que se hace a través de las redes sociales, que se hace con un claro propósito: imponer una legislación global que, con el pretexto de evitar los abusos, detecte a los periodistas honestos y les impida expresarse.
Hoy, como nunca antes, las tecnologías de la información ofrecen distintas alternativas para la difusión de las noticias; el pequeño detalle es que están controladas por los magnates mundiales que también controlan a los medios tradicionales.
¿Qué hacer, entonces?
Practicar el Periodismo Trascendente aunque se desafíe al poder global. Cruzarse de brazos nos volvería cómplices por omisión, de los oligopolios regionales, nacionales y mundiales.

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